7 ago 2014

El Reino Mágico de los Deseos.

Comparto una nueva metáfora, de mi alumna de TAROT-Coaching for Life, Ana Bauza.

Hace mucho, mucho tiempo, existía  una lejana y maravillosa tierra  conocida como el  Reino Mágico de  los Deseos.
Como en todo Reino Mágico,  sucedían cosas inexplicables y sorprendentes para cualquiera que no

viviese allí.  Todos los niños tenía un don muy especial y ese  don consistía en que ellos  podían pedir un deseo, el cual  se cumplía a cabalidad, siempre y cuando ese deseo fuera hecho con la fuerza del corazón y con buenas intenciones.
 Ah, pero  aunque pidieran su deseo,  los niños no podían saber en qué momento o cuando su deseo sería cumplido.
Algunos niños, se iban olvidando del deseo conjurado al pasar el tiempo  y eso era muy extraño, tratándose del hecho de que vivían en el propio Reino Mágico de los Deseos y no había razón alguna para pensar que sus deseos no se realizarían. Sin embargo, a veces,  eso sucedía.
En las afueras del Reino vivía una hermosa e inteligente niña llamada Laura. Laura no podía entender cómo era posible que algunos niños con el tiempo pudieran olvidarse de sus propios deseos.  Se entristecía al pensar  en esos niños  y en lo lamentable que podía ser el  llegar a grande y no recordar aquello que el corazón deseó alguna vez con tanta fuerza.
Laura se propuso encontrar la causa de semejante disparate y para ello debía recorrer un largo camino. Tomó una libreta y un buen lápiz y comenzó a hacer preguntas a los niños y adultos para averiguar cuáles eran sus deseos,  si habían hecho uso del don que les fue otorgado y poder encontrar los deseos cumplidos que otros habían pedido. Sin lugar a dudas eso demostraría que  había que confiar en la fuerza del corazón y eso era para ella la fe.
Y así lo hizo. Su libreta estaba repleta de historias de deseos cumplidos. Se emocionaba en pensar cuando pudiera compartir todo eso con su familia  y amigos y especialmente con aquellos que se habían olvidado de sus deseos. Todos los días había otro sendero que cruzar y otro deseo por descubrir.  Pero de  tanto caminar y preguntar  por diferentes caminos, se fue alejando y alejando  y al tiempo se encontró perdida en un bosque, lejos de su hogar. Sentía mucho miedo. Qué puedo hacer ahora, se preguntó. Aunque Laura no había hecho uso de su don  pensó: no puedo  usar mi deseo solo para pedir regresar a casa, eso sería muy egoísta de mi parte, además sé que puedo encontrar el camino de regreso de alguna forma. Y con mucha fé,  Laura esperó y esperó,  hasta que  por fin,  se topó con un anciano venerable  que venía de otras tierras. El anciano compartió sus provisiones con la niña, le dio de beber agua fresca de manantial calmando su sed  y luego la acompaño por el bosque de retorno al sendero. Allí el anciano le contó un secreto. El ayudaba a las personas extraviadas  a encontrar su camino, especialmente aquellas que como Laura tenían fé. Le dijo  también  que a diferencia de ella había muchas personas por esas tierras que estaban extraviadas y que él  necesitaba ayuda porque eran muchas.  Eso a ella le pareció algo muy grande, más grande que ella misma,  pues era lo que ella quería hacer y estaba haciendo de alguna manera.
Laura  regresó  a casa sintió alegría y emoción al ver a su gente y su familia, que no habían dejado de buscarla  en todo momento y les contó del anciano y de todos los deseos realizados que había encontrado en su camino y que tenía en su libreta.  Pero no podía olvidar al anciano y en todas esas personas perdidas.  Ella sabía que ese encuentro no era causal y tenía que regresar con él. Estaba convencida que había nacido para ayudar a otros a encontrar su senda y a descubrir la fuerza de sus corazones. Entonces decidió usar su don y pidió su deseo. Su deseo fue  que todo lo que ella hubiese querido para ella en el Reino Mágico de los Deseos se lo concedieran al próximo niño o niña que llegase extraviado al Reino y  ella aún sabiendo del amor de sus padres regresó con el venerable anciano a cumplir con el deseo que tenía para sí misma.

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